"Nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tu tienes. Pero los queremos" Jane's adiction (1986) Stop!
Buff! Cuanto polvo acumulado en éste viejo periódico musical!!!
Como el Guadiana que estudíamos en los 80, surge de nuevo el agua en forma de entrada sobre uno de aquellos discos que marcaron una época y que Lengua de Trapo acaba de convertir en libro.
El Estado de las cosas ha sido uno de los cinco libros más vendidos en la Libreria Taïfa del barcelonés barrio de Gracia en navidades. Y eso que llegó a la tienda de manera silenciosa y por interés personal de uno de sus librero, nacido en Vitoria-Gasteiz.
Kortatu me vino a buscar, en casete pirata, con catorce añícos y estudiando la EGB en un colegio religioso de un barrio obrero. Tenía 14 años y 'Sarri sarri' me hacía que mmar toxinas con la misma potencia que 'Mierda de ciudad' reflejaba lo que veia a mi alrededor.
Ahora no recuerdo quién llegó antes a mi triste vida de adolescente preguntón, si Kortatu o La Polla Records. Lo que si que tengo muy fresquito en la cabezota de cuarentón es que mibadolescencia basculó entre el nihilismo autodestructivo de Eskorbuto o Cicatriz y la rebeldia luchadora y combativa de Kortatu o La Polla.
Por suerte para mi, y siempre he querido pensar que para el mundo también, la fuerra de Kortatu me arrastro vitalmente hacia la Vida. Y ahora, con El estado de las cosas. Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia leo todo aquello que los mugaris me transmitían desde Irún hasta este triángulo de las Bermudas personal formado por el Sudoeste del Besòs, el Poblenou y el Clot.
A través de Kortatu conocí a los Clash, a the Specials y, profundizando por esta via, entre en un mundo de diversión combativa construida sobre los latidos del corazón: ska, reggae, dub, rocksteady, ... Jamaica como referente similar al que tienen los rastafaris en Etiopia. Un no-lugar universal donde la libertad es la base de la creatividad más dinámica, rebelde y constructiva.
El espejo vasco no nació con Kortatu, ya lo llevaba conmigo desde la generación anterior a la mia. Kortatu connectó las desobediencias civiles de los 70, que nos habían llegado sobretodo a través de los movimientos antinuclear y antimilitarista, con la rabia positiva de los 80. Y en el libro, este enlace está narrado magistralmente.
Nunca fuí a un concierto de Kortatu. Iba a conciertos de gente que vivía mi misma realidad, conciertos en el hydepark de la Verneda, en plazas y pavellones deportivos: Karies mental, S3, el oso yonki, grupos del barroi que funcionaban de reflectantes locales de la escena británica o vasca que íbamos mitificando.
Y, finalmente, los hijos de Kortatu nacieron en Barcelona: Doctor Calypso, Skatalà, Komando Moriles, Discipulos de Otilia, ... Habían pasado los80 y la década naciente se vestía de colores combativos y festivos que contrapunteaban a un rock català que, tomando el márquetuing del Rock Radical Vasco, se nos ofrecia demasiado subvencionado para ser bueno.
Pero todo esto ya es otra historia. En esta, en la del libro de Roberto Herreros e Isidro López, hay agradecimiento y descubrimiento, descubrimiento y una descripción de la realidad que resulta de la más absoluta actualidad.
Esperando pues que, ahora si, estemos viviendo el último baile de guerra, un recuerdo para las víctimas y para los mártires de un sistema podrido ante el cual, ellos, los Kortatu, me enseñaron que se podía combatir.
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