divendres, 13 de juliol del 2018

El guadiana de la Rumba, un clàssic revisitat

A través de l'imperdible Cala Rumba em trobo un articulàs d'en Mingus B. Formentor, periodista d'aquella Barcelona oculta, de carrer i sabors diverses, aquella barcelona pre-olímpica on les coses es deien pel seu nom.

Ara, que l'aigua sembla que torna a reviure el Guadiana de la rumba catalana i calí. Fet que demana d'una revisió urgent del text d'en Mingu B., val la pena recuperar-lo.

Som-hi!!

EL GUADIANA DE LA RUMBA CATALANA / Mingus B. Formentor (1988), 08/03/2008


Calí, femenino de caló, recta y claramete gitana. ¿Qué donde se halla ese asfalto que transmite el trepidar rumbero? Aquí mismo, bajo nuestros pies, en el cogollito de Barcelona y aledaños metropolitanos, de modo muy especial los que acogen arenas maresmeres. En este preciso instante quizá cueste lo suyo detectarla a simple oído. Hoy, captarla deviene un trabajo de precisión, propio de exploradores aguerridos y expertos, de indios avezados a descubrir caballos de hierro pegando la oreja en los raíles mientras elevan el corazón hasta las reconfortantes praderas de Manitú. Pero no siempre fue así. Ni lo será. Esa rumba calí se sintonizaba a la perfección en un ayer bien cercano y lleva camino de repetir jugada en el próximo futuro. Al tiempo.

La rumba de aquí, catalana y calí, no es flor de cuatro días para acá. A decir verdad, es de no menos de treinta años para allá, lo que la faculta plenamente para auscultarla con guiño histórico. Por lo demás, quede puntualizado desde buen comienzo que no es tema baladí, y aténganse al aviso los navegantes con las cartas de marear más mareadas que una sopa. Otrosí, la rumba catalana ha vivido días de esplendor que están en la memoria de los pocos que han logrado sortear con éxito la plaga amnésica posreformista.

Puesto ante el brete de elegir su canción catalana preferida (o la mejor según su criterio, pues es matiz éste que me resulta borroso), contestó Raimon años atrás: El mig amic. Considero que tal respuesta honra tanto a Pere Calaf Pubill, Peret para el arte, autor de semejante pedazo de poema (ritmado en rumba, como bien habrán supuesto), como a Raimon por la enorme finura estética y ética de su elección. Conceptualmente, Raimon dio en la diana, encumbró a categoría de arte un potentísimo folklore urbano contemporáneo que tiene por cuna y sostén Barcelona: la rumba catalana, la rumba del ventilador.

La rumba que coneixem
no és de la Xina ni del Japó.
La nostra rumba de Barcelona
viu marejada de voltar el món.
La rumba neix al carrer
filla de Cuba i d'un gitanet
i sa germana que és l'havanera
és gronxadeta entre mariners
(Gato Pérez, Rumba de Barcelona)

No hay la menor duda. Esa rumba (sustancialmente distinta a la cubana, la congoleña, la andaluza o la chunguera) es un género musical barcelonés de pies a cabeza. Sus orígenes cronológicos, mediados de los cincuenta. Sus casas paternas, Gràcia, El Portal (calle de la Cera y flecos) y Hostafrancs. Su fisonomía, una fusión de cantes levantino-andaluces de aire liviano y las claves básicas de la música afrocubana. Sus señas antropométricas, ritmo de 4/4, patrones de son y guaracha. Su vestuario instrumental, bongós, güiro, guitarra española, amén de voces y palmas, al que con el tiempo irían incorporándose timbales, congas, pequeñas percusiones, piano, vientos, bajo eléctrico y teclados electrónicos.

Los tres enclaves ciudadanos citados conocen asentamientos gitanos estables desde hace poco más de siglo y medio. En la actualidad su censo conjunto ronda las 2.500 almas. Comunidad catalanoparlante en un su integridad, como las que se asientan en Vic, Tàrrega, Lleida o la Camarga, usa esta lengua, además del castellano y el caló, en sus obras sonoras. La tradición es sólida. Los gitanos catalanes de hoy son descendientes de los que a principio del presente siglo inspiraron la obra teatral de un hombre tan notable como mal recordado, Juli Vallmitjana i Colominas, quien, entre otras notables aportaciones, nos dejó un estimulante vocabulario de caló catalán. En las tatarabuelas o bisabuelas de las bellas gitanas que revolotean alrededor de la plaza del Raspall hallaron inspiración los pinceles de Nonell. Nacionalidad homologada más allá de toda sospecha.

En un encomiable artículo titulado La rumba catalana y yo, Xavier Patricio, Gato Pérez, sintetizó con galanura, precisión y poética la génesis de la cosa: "... Supe que los gitanos llevaban doscientos años en Gràcia, Hostafrancs y El Portal -calle de la Cera, cuna de Peret y Los Amaya- y que, de siempre, habían hecho una música orgullosa de sus orígenes. Y aprendí esa historia de boca de un gitano desterrado de Murcia, que con él había traído a La Barceloneta el garrotín y los tanguillos, y me dijeron que había fundado una dinastía de guitarristas apodados los Pescadillas, que habían cruzado el fllamenco levantino con la música cubana gracias a los marineros caribeños que recalaban en La Planxeta del puerto de La Barceloneta. Y que en el Charco de la Pava de la calle Escudellers, el Legañas y el Pescadilla dejaron fecundar sus guitarras por el güiro y el bongó, y que a ese potaje llamaron rumba catalana, y que Carmen Amaya, del Somorrostro, la paseó por todo el planeta". Así lo describe y vive Gato Pérez, creador avezado a pegar el oído en el asfalto, detector y remodelador de la rumba calí.

No obstante, y así lo advertíamos al principio, hay que tener fina la antena para captar la emisión. De lo contrario, distancia e interferencias pueden provocar fantasiosas alucinaciones. Una mente tan preclara y erudita como la de Joan Fuster pasa de refilón sobre el tema en su opúsculo Ara o mai, donde postula que un obstáculo esencial para una implantación social seria de la cançó es el cultivo desde la propia Barcelona de una canción española andaluzoide, y remacha que "se ha llegado a codificar una rumba catalana de remotísimo aire gitano". Pues nada más lejos de la realidad. Es un preclaro caso de los que se zanjan al grito de "¡Radio Tudela pa'l que la coja!".

Se cuenta que Manuel González, el Chindo, llegó a Barcelona a principios de siglo desde su Murcia natal. Se instaló en La Barceloneta como vendedor de pescado, actividad que simultaneaba con la de guitarrista en ciertos tablados del Casc Antic y de la Rambla. Su hijo, Antonio González, fue el primero en recibir el apodo de Pescadilla, bien acorde con las actividades que realizaba la familia. Cuenta también la historia (y aquí la expresión no es un recurso retórico, sinó la más ajustada a una historia ineludiblemente oral) que el primer Pescadilla conoció a la que había de ser madre de sus hijos en una de sus actuaciones como guitarrista en la antigua villa de Gràcia.

Antonio González y Antonia Batista, vecina de la calle Fraternitat, matrimoniaron (alrededor de 1920), fijaron su residencia en Gràcia y allí nacieron sus cinco hijos. Sólo de salvó del gusanillo activo de la música la hembra, Pepita, pero los cuatro varones iban a seguir, y con holgura, la pauta trazada por padre y abuelo. Los González Batista -Manuel y Baldomero (l'onclo Mero), ya fallecidos, Antonio (Pescadilla) i Joan (l'onclo Polla)- iban a desempeñar un papel seminal en la gestación de la rumba catalana.

Los dos Pescadillas, padre e hijo, los Antonios, pasaban las noches tocando en una bodega de la calle Escudellers, el actual New York, por entonces el celebérrimo Charco de la Pava. No parece descabellado suponer que ahí empezaron a soplar con fuerza los aires cubanos sobre las guitarras gitanas del país. Por lo demás, quede contradictoria constancia de que para los gitanos viejos de Gràcia fue el Polla, Joan González, el inventor del patrón rítmico base que define y diferencia la rumba catalana: el ventilador. Según reza otra inspirada síntesis de Gato Pérez:

ese truco tan ingenioso
y de fácil ejecución
que junta en la guitarra
la armonía y la percusión.

Se coge un rumbero ventilador, se le añaden palmas y bongó, y ya está en marcha un arrebatador y generalizado desmelene en el que prevalece siempre la jocundia frente a la tragedia (a las antípodas existenciales de la rumba suburbial madrileña, esposada inexorablemente entre el chute y el talego, el desengaño y la traición). Esa rumba catalana, alegre de espíritu y cuerpo, no ha cesado de fluir por el subsuelo barcelonés desde mediados de los cuarenta. A esa rumba catalana le dieron cadera y desplante los González.

La família González desplegó una extraordinaria actividad durante la década de los cuarenta y principios de los cincuenta. Los dos Pescadillas se trasladaron a Madrid para debutar en el Teatro de la Comedia, momento en el que truecan temporalmente sus apodos artísticos: el padre pasa a ser conocido como el Legañas; el hijo, como Aíto. El Legañas se enrola en el cuadro flamenco de Manolo Caracol. Aíto funda, junto a su hermano Joan, el grupo Los Ponchos, con repertorio latinoamericano. Manuel, el mayor de los hermanos, funda por su lado Brisas, en la línea de otras formaciones de la época como los Guacamayos, Los Panchos, el Trío Guadalajara. En 1957 Antonio González contrae matrimonio con Lola Flores (la Faraona) y abandona para siempre el abrigo de Gràcia. Pero por entonces la rumba catalana, en su primera encarnación, ya se ha pateado innumerables escenarios del mundo y posee un articulado repertorio básico perseguible en la docena de álbumes que Pescadilla II y l'onclo Polla grabaron para el sello Belter.

Después de diez años encerrada en el gueto gitano barcelonés, de ser estrictamente interpretada en fiestas internas o en bares como El Salchicón de la calle de la Cera o el desaparecido Petxina de Gràcia, la rumba catalana saltará a la fama popular de la mano de un gitano mataronés, el rey Peret. El sello Discophon se encarga de apostar a su favor y de cortar el jugoso cupón de dividendos. Estamos en la época dorada del género.

El repertorio de los primeros elepés de Peret se compone de una brillante amalgama entre clásicos caribeños y majaradas de creación propia que bordean la sublimidad. Discophon, el sello que le ha descubierto y lanzado, "una suerte de Tamla Motown rumbera" en enjundiosa definición del novelista y polígrafo Marcos Ordóñez, contrata los saberes musicales de una serie de músicos del país que han hecho más cruceros por el Caribe que los soplagaitas de Vacaciones en el mar (Chupi padre, Miralles, Papà Cunill), les encarga tareas de producción artística y desvela una constelación rumbera de primera magnitud: Moncho y su Wawancó gitano (sublime sin paliativos), Chacho, Teresiya, el Gitano Portugués, el Noi, la Marelu. Entre uno y otros llevarán el patrón básico de la fresca rumba de aquí a todos los rincones del estado, a las discotecas de media Europa, e incluso al churrigueresco embolado que atiende por festival de Eurovisión.

Pero hay otros recién emergidos que atacan con fuerza. Sin ir más lejos, los hermanos Pepe y Delfín Amaya. Su aparición tiene lugar en un mercado vivo y consolidado, hasta tal punto que quien les ofrece contrato de grabación no es un sello marginal o dedicado a géneros más o menos patrióticos (entiéndase el término con la carga semántica que arrastraba antes de morir el dictador), sinó una sólida discográfica multinacional, EMI. Los Amaya, procedentes como Pere Calaf del asentamiento gitano de la calle de la Cera, se proponen dar un par o tres de vueltas más al torno, de modo que junto a temas propios y las consabidas adaptaciones de otros materiales de origen caribeño (de Mon Rivera, por ejemplo), osan insuflar aires rumberos a obras tan alejadas de ese patrón como las de Ennio Morricone o los mismísimos Doors. Abracadabrante. Y por aquello tan socorrido de que hay quienes se apuntan incluso a un bombardeo, la tan peripuesta como displicente CBS llega incluso a comercializar la única obra discográfica publicada por Chango, que llevaría por título La rumba y la marcha.

Una vez puestos en marcha los setenta, la segunda generación de rumberos catalanes, la triunfante, inicia un firme y continuado retorno a las catacumbas. Vuelven a sus consetudinarios negocios. La cierto es que logran ganarse mucho mejor la vida con sus compraventas de antigüedades y tejidos que con las esporádicas actuaciones que logran contratar. La fiebre rumbera ha remitido entre las masas populares. Por otro lado, las minorías pensantes (marginales acratizantes al margen) siempre la habían contemplado con menosprecio, y llegada la crisis ya no hay ningún motivo para dejar de calificarla abiertamente como mera y rotunda horterada. Y la rumba vuelve a cerrarse sobre si misma, a servir de banda sonora a bodas y fiestas gitanas. La rumba catalana ha desaparecido de la vida pública con otro requiebro guadianesco. O casi.

En los años del repliegue tan sólo siguen actuando en público Peret y el Noi, si bien esporádicamente, y lo que el común califica de rumba (sin adjetivos) traslada su epicentro a Madrid y substituye el aire caribeño por un guiño pop suavemente electrificado. Aún y así, la rumba catalana logra mantener inexpugnable el reducto creativo graciense. De ese vivero es de donde surgen nuevos artistas como Agustín Abellán Malla (Chango), su hermano, Francisco Abellán Malla (Sisquetó), Enrique Malla (el hijo de la China) o Antonio el Burrito.

Para no desentonar con el signo de los tiempos la obra de todo ese puñado de artistas aparece, cuando se llega a grabar, en sellos de aire clandestino y alcances limitadísimos. El nuevo costo rumbero circula embalado en cassettes de marca bien poco prestigiosa -Horus, Seven, Galax- y no hay modo de catarlo si no es por azar y rastreo en encantes, mercadillos suburbiales y abrevaderos de carretera. Una autèntica epopeya, pero quienes hayan escuchado alguna de las dos cintas grabadas por Sisquetó para Seven, o las otras tantas del combo Salsa Gitana para el mismo sello, saben que esconden oro en barras, que cabe dar por muy bien empleados los cuantiosos esfuerzos encaminados a su busca y captura.

Salsa Gitana es una de las cosas musicalmente más serias que ha dado Barcelona durante la última década. Su vida, breve y fantasmal; su obra, canela pura y perenne. Salsa Gitana se articulaba en torno a Enrique Malla y Antonio Jiménez. El suplemento de cubanidad lo ponía Mayito Fernández (otrora pianista de las bandas de Tito Rodríguez y Rafael Cortijo), y completaban el arrasador combo el congosero Ricardo Batista Tarragona, el bongosero Manolo González Patata (sobrino y nieto de Pescadillas), Toni Díaz Nabo y el bajista Xavi García. Por desgracia, a Salsa Gitana le sucedió aquello de aparecer en el peor momento y en el más inadecuado lugar, de manera que finó en olor de desconocimiento a pesar de habernos legado perlas del calibre que ostenta su versión del Hey eclesiástico.

Patata y Tarragona, puros alevines en aquellos días, han sido los encargados de aglutinar la hasta el momento última hornada de rumberos barceloneses. Ahora mismo les tenemos ejerciendo de mayores (si bien sus edades respectivas son de 28 y 24 años), entre otras varias causas por la deserción de quienes les correspondería serlo por calendario. Los caminos del Señor son infinitos, y desde hace unos pocos años ahí tenemos a Chango, al Sisquetó, a el hijo de la China o al mismísimo rey Peret entregados en cuerpo y alma, en vida y arte, al Evangelismo Bautista Pentecostal de Filadelfia (una picante descripción del fenómeno, tan jocosa como veraz, es el tema de una de las últimas canciones grabadas por Gato Pérez, El primo Vicente).

Pero, a lo que íbamos: Patata y Tarragona son en este momento el eje de las prometedoras Estrellas de Gracia. La sangre nueva la aportan Chino Granados, Jumitus del Pichón y Juanito Abellán Calabuig a las voces (22, 21 y 17 años respectivamente) y Ramón del Pichón en funciones de ventilador. La formación base se completa de nuevo con un bajista payo, Ángel Blázquez, si bien emparentado por matrimonio con el pueblo caló; su impronta musical es decisiva para el pulso rítmico de las Estrellas gracienses. A ese núcleo básico se adhieren eventualmente otras varias almas rumberas, de modo preemimente las de los teclistas Chupi hijo y Xavier Ibáñez, y pueden acabar siendo ciento y la madre sobre el escenario. Tal como reza el nombre artístico, una suerte de Fania made in Gràcia.

El 25 de septiembre de 1987 las Estrellas tuvieron su gran envite, una puesta de largo por todo lo alto, en la mismísima plaza de Sant Jaume y junto a los míticos abuelos, a los creadores del género, l'onclo Polla y Pescadilla hijo. Esa noche pisaron también el escenario los Chipén, los herederos del tumbao de la calle de la Cera. Y a fe que fue una gran fiesta para la rumba, un hito para la música popular gestada en Barcelona sobre el que la opinión autorizada pasó, salvo excepciones tan puntuales como honrosísimas. Estrellas de Gracia acaba de sacar al mercado su primer elepé, Sangre (GBBS Records). El segundo de los Chipén para Horus, Pasmao, apareció en junio de 1987 y ha recibido una excelente acogida en su circuito natural. Gato Pérez sigue en sus funciones de entregado demiurgo, y sigue soñando en que algún día será guapa realidad una escudería musical bautizada con el castizo nombre de Burú Bajaní (en caló, Tormenta sobre Barcelona), "algo así como una Fania All Stars que mezcle rumberos y caribeños, guitarras españolas y eléctricas, rock, rumba, salsa, con una fuerte sección de vientos. Estoy convencido de que arrasaría, que haría honor a su nombre". Y yo casi también lo estoy.

¿Casi? Verá usted, no está el horno para muchos bollos. De momento, lo innegabnle es que la nueva rumba, los Estrellas, el Boi Tronics (rapper gitano de Mataró), Jumitus Tutupà (apenas diez años bajo los que se adivina la rumba del 2001), intemporales incunables tales que el genial Tio Paló, una constelación de muy sólidos valores, sólo sigue asomando su alegre rostro en fuestas calorras y en los entrañables locales de la Unió Gitana de Gràcia cada 15 días aproximadamente. Pero algo debe tener el agua cuando la bendicen. No me explico, de lo contrario, que el poeta Enric Casassas tenga abierto su dossier sobre el tema y viva intensas clases prácticas del mismo desde su tejadillo amansado de la calle del Perill, a medio tiro de piedra de la plaza del Raspall. Ni que por la mentada Unió Gitana de Gràcia -cuyos destinos tan bien rige la mano firme y amiga de l'onclo Manolet- suelan dejarse caer, viernes sí viernes no, mentes tan claras y oídos tan finos como los de Big Marcos, Jango Casavella, Ragnampiza, Tronat Putx o el Paio Prat. Algo pasa ahí. Gato sigue intentando ligar la salsa. ¿Cuando se ventilará otra vez la obra de los creadores del ventilador?

Publicat a "Barcelona Metròpolis Mediterrània" (núm. 9, tardor de 1988): http://www.calarumba.com/articulos/el-guadiana-de-la-rumba-catalana-mingus-b-form.html

diumenge, 17 de juny del 2018

La carn vol carn



Arribem a Santugenia de fosc. Avui és nit de ballar per aquelles i aquells que han obert les portes del femer càrnic d'Osona. De fet, en baixar del cotxe ens saluda aquesta oloreta tan típica de la porcina comarca.

Les veus dels Resiliència ens condueixen pels carrers d'aquest poble de la plana cap al lloc del concert. A mida que ens hi acostem, famílies senceres surten dels seus vehicles per gaudir del seu grup de referència.

Entrem per escoltar les reivindicacions de qui va viure moments on, treballar en una càrnia, encara era feina i, sobretot d'aquelles i aquells que han patit les salvatges condicions d'esclavatge imposades per un nou sistema laboral on es rebrega el concepte cooperatiu per a fer-ne un infern sense drets laborals clars. Un infern que va ajudar a encendre la metxa del racisme i la xenòfobia a la plana de Vic.

Txarango té un directe perfecte, una posada en escena espectacular, una manera de transmetre que et pren, t'enlaira, et sedueix i et porta on el col·lectiu en escena vol.

D'aquesta actuació m'ha agradat el canvi en les veus. L'Alguer ja no canta sol, o majoritàriament sol. Ara canten tots, canten i són protagonistes d'un conjunt ben soldat, d'un equipasso que domina el llenguatge escènic amb una perfecció que ratlla el diví. 

Quan acaben, fotaca d'aquestes que es fan ara amb tothom que és, ha estat o serà damunt l'escenari i el públic al darrera i, au, arriben els Tremendu i la seva immensa poesia.

Els fans de Txarango marxen i ens quedem els incondicionals d'en Dani Rifà i els que, elevats per l'alcohol, ho ballen tot o no troben la sortida.

Així d'inici, em va agradat molt més el concert al Sidecar de Barcelona que aquest. Aquest ha estat un concert difícil, amb el públic força despenjat, en un ambient massa fred pels ritmes íntims i les referències plurals, riques i diverses de 5 artistassos d'upa que són genials en distàncies curtes, però que, com dic, no van connectar amb un públic potser massa passat de cerveses i herbetes.

Això sí, l'Arrasa, segueix arrasant la festa final i la Redemption Song serveix per redimir tan fill i tanta filla que, com diu la cançó, són un sol.

I s'acaba, ara sí que s'acaba aquest mes i mig de concerts que va començar a principis de maig amb en Fermín Muguruza eta TSoWC, va seguir amb un concert dels Rumbayson de Gràcia, es va consolidar amb la nit de l'amistat del Sidecar, es va elevar a l'àmbit familiar amb Xiula a l'escola i ha viscut temps de reivindicació en aquest tast de vides encadenades a les potes dels porcs que han reduït a l'esclavatge un dels sectors clau de l'economia catalana.

dissabte, 9 de juny del 2018

Dissabte de barri: discursió per Vallcarca

És fosc i, l'esgotadora jornada viscuda, ja ha portat la família al país dels somnis.

Jo, vida de veïnat que s'escola per la finestra a les orelles, no acabo de caure en braços de Morfeu i, massa despert pel baldat cos que porto, em deixo omplir per les memòries d'un dia especial.

I és que, aquest dissabte, ha començat amb un vagareig solitari pels carrers de Vallcarca, al ritme de la selecció que, el nounat Col·lectiu Musica(r)ius, va teixint per la Festa del 15J, per la Festassa de l'escola.

Després, ja a toc de migdia, i acompanyat de la familia propia i d'altres del Centre, ens apropem a fer un tastet del Més fresques que un festival que, celebra l'arribada de l'estiu a la plaça de la Farigola.

La plaça de la Farigola és ja tot un referent veïnal i comunitari a Barcelona. Un espai fruit d'una d'aquelles lluites que

No vas a encontrar en los maoas

Un espai on, avui, la menudalla, ha gaudit dels fotils de la capsa del circ que han obert mentres montaven la festa i tot el cafarnaüm necessari per fer música de caliu humà.

Tot plegat, ha estat un tastet de la Vallcarca popular i col·lectiva que ha deixat bon gustet de cara a repetir experiències i pujar riera amunt a fer vida de barri i proximitat.

Cap a la una però, les panxolines de les personetes més menudes, s'han començat a queixar. Les passes de la colla han remuntat un pany més de Vallcarca per gaudir d'un dels paratges més romàntics i desconeguts d'aquests entorns: La font de Sant Salvador.

La font és un lloc idíl·lic per fer un mos i jugar un xic, quan la calor apreta i l'aigua i les ombres refresquen l'ambient.

Ja de tarda, ens hem despenjat fins un dels millors i més enginyosos parcs infantils de Vallcarca: el que és a quatre passes de l'Escola Montseny i a una de la històrica Farigola.

Circuits de fusta i enginy ben aprofitat per un barri que es va fent a ell mateix, malgrat les interferències externes, i de notable potència, que l'encerclen i volen arrencar-li l'ànima.

Arribem a casa derrotats i les criatures són les primeres en fugir cap a llur dimensió onírica.

Adormida la muller, els dits se n'adonen mentre tanco aquest breu relat decantat on, una avansadilla de l'escola del cor de Gràcia, visita un dels seus barris més propers i es deixa vallcarquejar amb llocs tant màgics com la plaça de la Farigola - que no trobaràs als mapes - i la Font de Sant Salvador - espai que serva llurs secrets a l'obaga del gentrificat Parc Güell, un Parc que desguassa turistes per aquest accés, però que es servat pels joves robinhoods que, jugant jugant amb pistoles d'aigua no paren a distingir amistats, familiars o turistes despistats.

dissabte, 2 de juny del 2018

I vam fer tanta bondat que ens vàrem redimir

Sons recomenats per llegir aquest escrit aquí


La Plaça Reial té les arcades, té les palmeres, té els fanals i els bancs, fins i tot té la font, però, quan hi entrem, li falta quelcom.


Tot fent el got, miro la plaça i, de cop, hi caic. A la plaça Reial el què li manca és fauna, el que li falta és aquella diversitat que la feia un espai únic, un lloc ple de vida i aprenentatges.

Asseguts a l'asèptica terrassa del Glaciar hi trobo a faltar molta gent, gent amb la que, en descans, et saludaven, i en viatge, no et reconeixien. Trobo a faltar navalles i xeringues, porres i corbates, ritmes i cançons.

La plaça Reial, aquest darrer vespre del mes de maig, és com una sala de vetlla de qualsevol tanatori urbà. Una sala de vetlla farcida de turistes que, potser, han vingut atrets pels relats i les anècdotes d'aquella Escola de Vida que, ara com ara, ha desaparegut.

Un xic tocat jo, ens apropem al destí d'aquest passeig. La segona rossa - la meva un xic més torrada - la fem a la terrassa mateixa del Sidecar.

Però que li han fet al Side? Pobrets meu, com t'han deixat!!! Pantalla immensa i porta per la plaça amb aquestes quatre taules tan ben tocades i posades a l'entrada.

De nou, cap amunt, glop de voll i ulls clucs: els ous al coll, el carrer fosc, la porta i, ja amb tot a lloc, les escales a la cova.

En aquells anys, anar al Sidecar era una aventura. Xeringa o papers? Ionqui o bòfia? Mai sabies quina seria la companyia en un més dels carrers pixats de la Barcelona bona.

Ara, avui, d'això res de res. I jo només tinc l'esperança que, aquest retorn a un temple de joventut, faci bona aquella tonada que diu:

Si vols acabar béeeee comença malament

La taula de so, tot i que modernota com ella solota, ja m'agrada més.

Si, començo a viure de passats, què vols que et diga, tu!

De fet, - i mira que hi anava, eh! - no recordo barra ni guardaropia i, fins i tot, la cova em sembla més gran.

Per això m'emociona veure escenaris buits i instruments parats. Buits i parats abans no s'omplin de vida, lletres i sons.


Una vida, unes lletres i uns sons que, en el cas, dels Tremendu et van entrant com aquelles dosis que feren perdre vides a tants enyorats companys.

Vida, lletres i sons que... Oh! Els lavabos són pastats!!!!

Perdó! Torno al relat:

El directe dels Tremendu és màgicament brutal. Seguint-lo a glops de cervesa, em dóna la sensació que ha de ser adaptat a cada localitat on va. Ensumo històries, possiblement siguin paranoies d'un seguidor de músics tan eclèctic com obstinat.


El concert és un crescendo, un xamànic viatge depuratiu que, t'agradi o no, t'arrasa arrasa arrasa fins a portar-te a dansar bailes regionales de sobrepujada universalitat.

En surto redimit, en surto amb la sensació d'haver fet tremenda bondat sin mente. 

En surto amb la convicció d'haver arribat fent dels poemes, problemes i dels temassos, fracassos i haver-ne sortit fent dels problemes, poemes i dels fracassos, temassos.

En surto redimit i amb llengua suelta i desfermada, amb la llengua pròpia de qui, després d'un acte xamànic, allarga la festa tot xerrant amb l'amic que, a proposta cega, m'ha volgut acompanyar.

Ara la plaça sembla més bella, els carrerons més vius, la vida més desperta, les llambordes em fugen i, hasta al bus, m'acompanya aquell sublimanisme que jo anava buscant


Aires de Taller

Són quarts de cinc de la tarda de dijous quan l'Ezequiel i l'Isaac arriben al Metro de Diagonal. L'Issac mans lliures, l'Ezequiel amb la seva guitarra ben enfundada a l'esquena.

La mitja horeta de metros i desplaçament és de poques paraules i força referències al passat viscut pels dos projectes que s'han encreuat per infantar aquest trio que, amb la marxa de l'enyorat Tito, conformen l'Isaac, l'Ezequiel i el trotatot d'en Jesús.

I és que Rumbayson de Gràcia va néixer en la ment de l'Ezequiel cap allà l'any 2011 i va tenir la sort de ser en el lloc adequat en el moment addient per trobar-se enrolat en el Projecte Refent Sintonies que, cap allà al 2015, van engegar el Districte de Gràcia i l'Area d'Acció Comunitària amb suport de l'Area Social del Taller de Músics.

- On cau el carrer Parlament?

Ens fem l'orni i l'Isaac acaba amb una aigua abans d'entrar al Taller.

Buuf! Per mi el Taller de Músics és el cau dels secrets d'en Xavi Maureta, aquell germà gran que d'una habitació de Rambla cantonada Taulat en va fer un buc d'assaig, i, sobretot, és el niu docent dels sempre enyorats Joan Fornells i Miquel Ferrino, monstres de la guitarra, virtuosos del jazz, cares inesborrables d'aquell jorn de presentació del Llum de nit, el disc més preuat que tinc a casa.
El buc és un tub farcit d'instruments i amb una sonoritat excelsa. Això és un temple que, hasta a mí, negat instrumental, em crida a assajar.

Comencen un xic freds sota el tutelatge d'un Xavi Martínez d'orelles atentes i disposat a aportar. 



Però no desvetllo més secrets d'un assaig general on repassen les cançons que portaran a concert l'endemà.



Sortint d'allà no puc més que admirar, i reconèixer, la rumba de cor, la rumba de sang que brolla sense notacions ni virtuosismes academitzats. Una rumba que, aquests sagals, posen a disposició de petits, joves i grans.

dissabte, 5 de maig del 2018

Cuando la impotencia te quema la sangre


A vegades, una deserció ocasional s'assoleix llençant-se en bomba a l'oceà de les realitats.

Ahir a la ja històrica Salamandra de l'Hospitalet, la generació quarantina va gaudir d'una d'aquestes desercions col·lectives. Una deserció guiada per les sempre vives neurones i col·laboracions d'un Fermín Muguruza que, coses de l'edat, mesura llur sobirana energia amb el tremp ferm de qui té fondes arrels i ales llargues i lliures.

En Fermintxu, roure i ocell, no és un músic, és un explorador de realitats que, un cop, mastegades, explica al món, a la gent, a - en el cas del 4 de maig - els seus col·legues de fa anys.

I és que en l'assaig d'ahir al vespre, els rostres, treballats de lluita, eren els mateixos que quan vam començar.

Suposo que sí, que hi devia haver algun novell en l'univers Muguruza, però hi eren la Sílvia, en Joni, en Dani, patums anònimes d'una rosa de foc marinada per concerts, trobades, puertohurracos i d'altres antres del què, els llibres, en diuen contraculturals.

El què vaig viure ahir a la Salamandra va ser un ràpid i aprofundit repàs d'aquest col·lapse de la cultura occidental, una classe de filosofia i història. Història en majúscules i història amb les taxidèrmiques minúscules de la proximitat.

Començar recordant Miguel de Unamuno en pantalla és tota una declaració de principis. I, tot i que la intro de temes dels TSOWC, se'm va fer un xic llarga, el repàs del B-map no em va defraudar.

Això sí, passen els anys i l'edat posa el públic en mode estàtic. Lluny queden els pogos amb Kortatu i els espasmes amb Negu Gorriak. Ara, el públic és més proper als oients de música clàssica que als afamats adolescents que es treien la ràbia voz en grito i botes fermes.

De les tres versions de clàssics fermintxuerus em quedo amb la de "El estado de las cosas", revisitat himne que, justament dijous, prenia nova volada èpica i que venia acompanyat d'imatges amb gendarmes i pressos, de "La batalla de Argel" -iconic film d'uns anys pretèrits que no s'obliden-; i hauré de tornar a escoltar el de "Itxoiten" que no vaig acabar de connectar-hi, però que respon abastament a l'ànima empresonada que la va motivar.

El què sí que fou una regressió al passat, tant per l'actitut en escena com per la resposta del públic, va ser la fi del concert-assaig amb la versió sorpresa del "Zu Atrapatu arte" i l'imprescindible Berlin - Ulrike Mainhof, possiblement el tema més ben tancat del B-map.

I ja, com a colofó, una reflexió que va sorgir tot tornant de la deserció:

El concert és un espectacle on la música i la imatge conviuen en harmonia. La pantalla atrapa l'espectador amb un llenguatge audiovisual que cap de les assistents havíem viscut en els nostres anys de joventut més o menys rebel. Les úniques cançons sense suport videogràfic de fons han estat les versions de temes que, en origen, no en tenien, però jo trobava a faltar imatges i li vaig dir a la meva companya:

- Uff! Han perdut la oportunitat de posar imatges del Concert de Negu Gorriak a les afores d'Herrera de la Mancha.

A lo que ella hem va fer veure:

- I per què? No és més potent el missatge d'haver trobat a faltar imatges? De l'abducció al llenguatge audiovisual que vivim en la cultura occidental?

I, amb aquest missatge, ho deixo: amb el missatge llançat per Fermín Muguruza eta The Suicide of Western Culture.

Llarga vida als perfeccionistes improvitzadors, als conqueridors de rebentar fronteres.