Cádiz es lucha diaria y eterna poesía. Cádiz se rrcoje y se dilata en Carnaval. Un Carnaval que aglutina todo su ser y, en estos tiempos que corren, es invasión de turistas que surgen sus aguas sin capacidad de penetrar en sus esencias.
La FRAC y Cadipsonians permiten a este catalán roteño gozar del ying y el yang de la rima carnavalera. Calypso, mento y carnavá reza el lema de los segundos, mientras los primeros golpean con su fraseo a ritmo de romancero el saco roto de este Estado que ignora su diversidad cultural.
Detrás de la Federación de Raperos Atípicos de Cádiz (la FRAC) y de Cadipsonians hay gente de creatividad infinita, personas sencillas que tienen la esencia multicultural de la ciudad más antigua de Occidente. Escucharlos es viajar por el mundo sin salir de La Viña. Da igual donde esté tu cuerpo, tú estás bailando por La Viña al ritmo que te marcan estos artistas del verso y el ritmo.
Sales de La Viña y te quedas en La Caleta, solitario como un Quijote desdibujado mirando ese océano inmenso repleto de chocos que esperan el momento para ser pescados y convertirse en delicia alimentaria, cerveza en mano.
La FRAC es contundencia y realidad, Cadipsonians es bamboleo antillano como el recio malecón que apunta a esa América tan gaditana.
Algunos dicen que Cádiz es La Habana Vieja. Necias palabras para referirse a este baluarte del arte que no es otra cosa que Cádiz, Cádiz. Si acaso La Habana es el Cádiz Nuevo, omme!
Acabamos ya este breve relato surgido de la mente de un catalán roteño para quién la FRAC y Cadipsonians son esencia de Cádiz, la ciudad más diversa y pura que un ser humano pueda encontrar.
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